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El rol de los padres

 

El ingreso es para los chicos un proceso intenso ya que, inevitablemente, cristaliza también una serie de cambios y desafíos importantes propios de la edad. Hay una etapa que está quedando atrás y una nueva por comenzar.

En este contexto, es importante no perder de vista los intereses personales ni el peso que la dedicación y el esfuerzo conllevan en este proceso de aprendizaje: como padres, tenemos que tener en claro que son nuestros hijos los protagonistas y que nuestras propias fantasías y deseos no harán más que entorpecer un recorrido que ellos harán de todos modos.

 

Es cierto que las elecciones de los chicos no son todavía del todo independientes, sin embargo, es ese el camino que están emprendiendo en esta etapa de cambio y existe un margen de decisión que cada uno irá construyendo a lo largo de este año de preparación.

 

Podemos desear que nuestro hijo ingrese al Nacional Buenos Aires, al Carlos Pellegrini o al ILSE, pero sólo podrá lograrlo si es él mismo quien lo desea.

Nuestro rol, tanto de padres como de docentes, es el de acompañarlos en ese recorrido que necesariamente presentará algunos tramos más difíciles que los acostumbrados; es el de estar preparados y dispuestos para brindarles el mayor de los alientos y el más cálido de los abrazos.

 

Con los años nos dimos cuenta de que es muy usual para los ingresantes (chicos y padres) dotar a los colegios de la UBA de facultades casi mágicas, como absolutos garantes de un futuro promisorio, y de que una de las cosas más importantes que nos toca transmitirles es el hecho de tener cuidado de no terminar transformando lo que son las ventajas y virtudes de estas escuelas en miedos y angustias. La idea de no ingresar no debería ser pensada como un fracaso irremediable. Vale el esfuerzo, pero no debe transformarse en una cuestión de vida o muerte.

Para los chicos, éste será el primer gran desafío y aprendizaje.

El ingresar o no, no depende directamente de las capacidades de los chicos, sino y sobre todo, de las ganas, el esfuerzo, la dedicación y el interés puestos en juego en cada ocasión.

 

Atender las necesidades de cada uno significa fundamentalmente darle el lugar a los chicos de que sean ellos los que estén eligiendo, a cada paso, recorrer este camino.

 

 


El rol de los padres

 

El ingreso es para los chicos un proceso intenso ya que, inevitablemente, cristaliza también una serie de cambios y desafíos importantes propios de la edad. Hay una etapa que está quedando atrás y una nueva por comenzar.

En este contexto, es importante no perder de vista los intereses personales ni el peso que la dedicación y el esfuerzo conllevan en este proceso de aprendizaje: como padres, tenemos que tener en claro que son nuestros hijos los protagonistas y que nuestras propias fantasías y deseos no harán más que entorpecer un recorrido que ellos harán de todos modos.

 

Es cierto que las elecciones de los chicos no son todavía del todo independientes, sin embargo, es ese el camino que están emprendiendo en esta etapa de cambio y existe un margen de decisión que cada uno irá construyendo a lo largo de este año de preparación.

 

Podemos desear que nuestro hijo ingrese al Nacional Buenos Aires, al Carlos Pellegrini o al ILSE, pero sólo podrá lograrlo si es él mismo quien lo desea.

Nuestro rol, tanto de padres como de docentes, es el de acompañarlos en ese recorrido que necesariamente presentará algunos tramos más difíciles que los acostumbrados; es el de estar preparados y dispuestos para brindarles el mayor de los alientos y el más cálido de los abrazos.

 

Con los años nos dimos cuenta de que es muy usual para los ingresantes (chicos y padres) dotar a los colegios de la UBA de facultades casi mágicas, como absolutos garantes de un futuro promisorio, y de que una de las cosas más importantes que nos toca transmitirles es el hecho de tener cuidado de no terminar transformando lo que son las ventajas y virtudes de estas escuelas en miedos y angustias. La idea de no ingresar no debería ser pensada como un fracaso irremediable. Vale el esfuerzo, pero no debe transformarse en una cuestión de vida o muerte.

Para los chicos, éste será el primer gran desafío y aprendizaje.

El ingresar o no, no depende directamente de las capacidades de los chicos, sino y sobre todo, de las ganas, el esfuerzo, la dedicación y el interés puestos en juego en cada ocasión.

 

Atender las necesidades de cada uno significa fundamentalmente darle el lugar a los chicos de que sean ellos los que estén eligiendo, a cada paso, recorrer este camino.

 

 

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